
alzar el vuelo

Recuerdo todavía la primera vez que me hicieron Reiki. Fue una semana después de encontrarme el bulto en el cuello. Se lo pedí a mi amiga Susan como un acto de desesperación. En ese momento, fuera lo que fuera, creía que me iba a morir. Y no iba tan desencaminada, porque si bien no morí físicamente, sí fue el principio de la muerte de mi yo, del personaje que hasta entonces había interpretado.
Tumbada en aquella camilla, con los ojos cerrados, no puedo decir que sintiera nada. Mi cuerpo entero estaba dominado por el miedo y me paralizaba. Pero sí vi algo. A lo lejos, diminuto, vi el vuelo de un pájaro. Una golondrina, un águila... no lo sé. Solo recuerdo el vuelo de un ave. No le di mucha importancia, aunque sí a las palabras de mi amiga, que fueron muy esclarecedoras. Consiguió que me fuera a Laurac, un viaje que llevaba meses planificando y preparando con mucho esfuerzo, con un poquito más de esperanza y alivio.
Desde 2024, aunque podría decir que todo empezó realmente en 2023, mi vida ha estado suspendida. Suspendida en un espacio y un tiempo distintos, pero inmersa en un aprendizaje y una transformación continuos. No ha sido lo que se veía desde fuera, sino precisamente aquello que nadie puede apreciar a primera vista. He trabajado lo invisible, eso que casi nunca atendemos porque no se ve y porque requiere tiempo, constancia y paciencia. Y el cáncer, paradójicamente, me ha regalado ese tiempo.
Todavía veo esa golondrina algunas noches. A veces la siento más cerca. Sé que soy yo, mi alma libre. Y también sé que un día la veré de cerca, cuando haya completado esta transformación.
Desde entonces, mi vida ha consistido en desenmarañar mi caos interno mientras atravesaba pruebas médicas. En aprender a accionar en medio de la incertidumbre, en buscar respuestas, en conocerme de verdad y, sobre todo, en empezar a ser coherente con quien soy. Ahora empiezo a saberlo.
Feels Like Home también se ha visto afectado. ¿Cómo sacar energía para crear en medio de mi estado de salud, la enfermedad de mi padre y el proceso que yo misma estaba atravesando?
He descubierto algo que, en realidad, ya intuía: siempre he boicoteado todo lo que he hecho por miedo a brillar, por miedo a no poder sostener ese éxito que merecía y que durante mucho tiempo creí no merecer. Yo he sido mi propio muro, mi propia puerta cerrada.
Esta semana tuve una prueba importante. En la sala de espera, acompañada de algunos ángeles —sí, como lees— mantuve una tranquilidad que me sorprendió. Y al salir lloré. Lloré riendo. Riendo y llorando a la vez. Amando la vida, amando lo que soy, mi cicatriz, lo que me gusta y lo que no. Amando este envoltorio, pero mucho más aquello que realmente soy. Amando incluso los coches, el atasco, todo lo que veía a mi alrededor. Ya no me importaba.
Y entonces entendí que, si quería hacer algo con Feels Like Home, con todo lo que me gusta hacer, tenía que hacerlo desde la fe más profunda. Sin justificaciones, sin mis eternos "peros". Sin miedo a crecer, a brillar o incluso a dejarlo si un día así me lo pidiera mi interior.
La vida es cambio. Es movimiento. Durante mucho tiempo no lo acepté porque quería controlarlo todo, planificarlo todo. Y aunque todavía hay una parte de mí que quiere hacerlo, aunque debo lidiar con el dolor que me produce ver la situación de mi padre y me rompa en mil pedazos por dentro, me quiero libre.
Quiero ofrecer al mundo lo mejor de mí. Y he comprendido que no hacen falta grandes hitos para conseguirlo. El éxito está en ser capaz de vivir en coherencia entre la mente, el cuerpo y el espíritu, en ser honesta conmigo misma. Porque cuando vivimos así, eso mismo es lo que entregamos a los demás. Y solo desde el amor nacen las transformaciones que realmente importan y logran expandirse.
Feels Like Home es un proyecto bello, honesto y transformador. Y necesita ser visto.
Ahora ya no solo lo sé.
Lo siento. Y lo creo.
Un abrazo.
